¿Quiero una napolitana?
Lo de la máquina de pizzas es una metáfora perfecta: todo sale rápido, bonito, estandarizado… pero sin alma. Y eso no solo pasa con los contenidos, también con las relaciones. Hoy en LinkedIn, por ejemplo, ves perfiles que tienen bios escritas por IA, mensajes InMail que son copy-pastes automatizados, y cuando uno responde con interés, ¿qué pasa? Silencio por tres días. El flujo se rompe.
Estás vendiendo eficiencia, expertise, innovación… pero ni siquiera puedes mantener una conversación fluida. Esa desconexión genera una sensación muy potente de “me están tratando como a uno más del montón”. Y eso es exactamente lo contrario a construir una marca creíble.
En Instagram pasa algo parecido. Los contenidos ahora son preciosos gracias a la IA, sí. Pero también predecibles. Todo se ve como salido de la misma plantilla, con los mismos colores, la misma música, y los mismos captions que se sabe que son escritos por un generador automático. La misma fábrica que pasó con la web con la llegada de Wix, Elementor, Theme Forest, es ahora con Canva, CapCut y ni hablar de los flujos de Make, N8N o los agentes. Lo gracioso es que, con todo lo que odiamos a los influencers (y la falla de ofrecer alcance sin hacer el vínculo marca-audiencia) son los únicos que hoy terminan mostrando algo más humano. Aunque sea actuado, al menos hay una cara, una voz, una historia.
Volviendo a esas insistencias de Linkedin: si todo el proceso está automatizado, ¿el servicio que ofrecen también lo estará? ¿Qué me garantiza que no me están vendiendo una solución-pack, igual a la que le ofrecen a todos? Porque si no hay contacto real, si no hay escucha activa, si no hay personalización genuina… entonces, ¿en qué se diferencia tu propuesta de la de otros diez que me mandaron el mismo mensaje esta semana?.
Al final, la tecnología puede ser un facilitador tremendo, pero no puede reemplazar la confianza, la empatía y la capacidad de adaptarse a lo que realmente necesita el otro. ¿Estaremos automatizando tanto que se nos está olvidando cómo conectar?
Entonces, la pregunta que queda en el aire es: ¿cómo volvemos a poner lo humano en el centro sin renunciar a la tecnología? ¿Se puede escalar sin perder la autenticidad?. Que loco que nuevamente nos cuestionamos lo de las «marcas más humanas», la tendencia de los últimos 10 años.
Les comparto algunas ideas:
No confiar en el “parece profesional”, sino en el cómo responde:
Un perfil bien armado y mensajes impecables pueden ser puro decorado si después se demoran días en contestar o no entienden lo que uno necesita. La confiabilidad no se ve en la foto, se construye en la conversación.
Diseñar procesos que permitan salirse del guión:
No todo se puede predecir. Por eso, los flujos automatizados deberían tener salidas humanas visibles. Un “¿no encontraste lo que buscabas?” puede ser más valioso que diez opciones predefinidas.
Usar IA como asistente, no como reemplazo de criterio:
Está bien automatizar lo repetitivo, pero no todo es repetible. Las herramientas deberían ayudar a entender mejor al otro, no a evitarlo. Si el resultado es que todo se siente igual, algo se perdió en el camino.
"Haz lo que sea bueno para los humanos, modelado sobre cómo los humanos ya hacen las cosas; ignora lo que es conveniente para las computadoras."